Discurso · 19 de octubre de 2026
🔵 DIRECTO: Feijóo interviene en el acto de presentación del Contrato con España
| Quién | Similitud | Decisión | Habla | Etiqueta |
|---|---|---|---|---|
| Alberto Núñez Feijóo PP | 0,87 | Identificado por la voz | 15 min | SPEAKER_01 |
| Hablante sin identificar 1 | – | Sin identificar (poca voz) | 1 s | SPEAKER_00 |
Similitud: coseno entre la voz de este hablante y la huella de voz más parecida (1 = idéntica). Se acepta un nombre con 0,55 o más, al menos 0,10 por encima de la segunda huella y 20 s de voz. Por debajo, el hablante queda sin identificar.
Detalles técnicos
Transcripción
Muchísimas gracias por vuestra presencia, vuestra asistencia. Muchas gracias a todos los actores que nos acompañan, encabezados por el alcalde de Madrid. Muchas gracias a todos los diputados y senadores. Muchísimas gracias a todos los portavoces, alcaldes. Muchísimas gracias, en definitiva, a todos los que conformamos este equipo del cambio en España. Quiero agradecer a todos los medios de comunicación su presencia y quiero darles las gracias por esta cobertura. Sin duda, mis primeras palabras hoy son para los habitantes de los territorios en alerta afectados por las lluvias torrenciales. Mi más sentido pésame a las familias y allegados de las víctimas mortales. Mi reconocimiento a los profesionales de las emergencias que una vez más están protegiendo a la población Y un mensaje a los ciudadanos, que extremen las precauciones y cumplan las indicaciones de las autoridades Cuídense, cuidan a los suyos y protéjanse La situación de la nación no admite rodeos, ni excusas, ni demoras Exige la verdad, honestidad y exige claridad Decir qué se va a hacer y responder por ello. Hoy vengo a hacerlo, hoy vengo a hablar de mi país, hoy vengo a comprometerme. El 29 de noviembre España no elige sólo un gobierno. No se trata simplemente de un partido frente a otros, ni de diferentes ideas de país. Lo que se enfrenta son dos formas de entender la política. La política es la política. Quienes entienden el poder como un fin en sí mismo y quienes creemos en la política como un servicio a nuestro país. Quienes han utilizado la división para mantenerse en el poder y quienes sabemos que juntos podemos hacer grandes cosas. Quienes se conforman con administrar la decadencia y quienes estamos dispuestos a revertirla. Eso es lo que se decide. Si todo sigue igual o si España cambia. Yo me presento para gobernar el cambio que España necesita. Conozco los desafíos que afronta la nación y sé que hacerse cargo de ellos exige más de lo que vivimos en otras elecciones. En estos años los españoles han escuchado demasiadas promesas, han soportado demasiadas mentiras, Han visto demasiadas veces cómo se hacía lo que se juró que no se haría. Han visto cómo la palabra de su presidente dejaba de valer. Y cuando la palabra pierde su valor, los programas también. Por eso en estas elecciones no basta con un programa. También lo presentaremos, pero no basta. Hace falta un compromiso personal. Un compromiso que diga qué voy a hacer, Donde queden claras mis prioridades y donde se exprese cómo entiendo la responsabilidad de gobernar. Un compromiso del que respondo yo, con mi nombre, con mi experiencia, mi trayectoria y con todo lo que soy. Este es el compromiso que delante de todos ustedes hoy contraigo con España. Insisto, ante ustedes y en consecuencia ante todos los españoles. Hoy no voy a hacer un inventario de los últimos años. Todos sabemos lo que ha pasado. Ese recuerdo debe servirnos como lección, pero no distraernos del futuro, porque el daño ha sido grande, pero no es irreversible. En muchos hogares cunde una sensación, que el gobierno ha dejado de respetar a los ciudadanos y a la nación. Y desde el poder se ha alimentado el enfrentamiento hasta paralizar el país. Hay un pacto elemental que sostiene cualquier democracia. El ciudadano cumple y el Estado responde. El ciudadano cumple, es decir, se esfuerza, trabaja, paga sus impuestos y respeta la ley. Y el Estado responde, es decir, con eficacia, con honradez y respeto. Hoy en España los ciudadanos siguen cumpliendo, el gobierno no. Restaurar ese pacto es el primer cambio que necesita España. Restaurar el pacto entre los ciudadanos y el Estado. Para eso hacen falta principios y hace falta recuperar el valor de la palabra. El cambio será con valores o no será cambio. El primero es la verdad. La confianza tarda años en construirse y se pierde en un instante. Mantenerla exige algo casi revolucionario en este contexto político. Decir la verdad. Los españoles merecen un presidente que les diga la verdad siempre. Y ese es mi primer compromiso. Decir la verdad siempre. El segundo, la ley. No caben más desprecios a nuestras instituciones, ni más atropellos para imponer la voluntad de una sola persona y de su familia. Ninguna mayoría, ningún partido, ningún gobernante está por encima de la nación ni de la ley, y nadie volverá a estarlo. El tercer compromiso es el esfuerzo. Un país funciona cuando el esfuerzo vale la pena. Cuando un joven puede empezar su vida, acceder a una vivienda, formar una familia, cumplir sus sueños. Cuando una familia que trabaja puede ahorrar y prosperar. Cuando un autónomo siente que levantar la persiana de su negocio sirve para mejorar su vida y para levantar su país. Cuando los mayores sienten que el esfuerzo de toda una vida ha merecido la pena. Y es obligación del Estado crear las condiciones para hacer todo esto posible. El cuarto principio es la unidad. España no es propiedad de un partido o de una ideología, ni de un gobierno, mucho menos de una sola persona. España es patrimonio de todos. España es una nación que reúne a millones de ciudadanos libres e iguales. Queridos amigos, sobre estos principios se asienta la reconstrucción nacional que propongo. La reconstrucción no es volver a lo de antes, es levantarlo de ruido y construir mejor. No propongo solo un cambio de gobierno, propongo un cambio de etapa, un nuevo tiempo con la verdad, la ley, el esfuerzo y la unidad. Hemos visto este fin de semana lo que ha pasado en Francia. Las imágenes que llegan de ese país nos preocupan y nos demuestran que la violencia que está alentando a la izquierda radical jamás es el camino para mejorar una nación. Los españoles tenemos la oportunidad de apartarnos de ese camino, expresar nuestro malestar y nuestras ansias de cambiar nuestro país como debe hacerse en democracia, En las urnas y apoyando un proyecto con la ambición de afrontar las reformas que necesitamos. No hay nada más transformador que la voluntad libre y democrática de un pueblo que pide cambio. España necesita sanar porque la han dañado y hay cura. Más y mejor democracia. La democracia española necesita jueces que elijan a los jueces y a los que ningún gobierno señale. Un Tribunal Constitucional, una Fiscalía General del Estado y unos organismos reguladores independientes, al servicio de los españoles, no de ningún presidente. Un gobierno que respete a las Cortes. Que no gobierne solo por decreto ni mediante chantajes. Que presente presupuestos cada año. Y que devuelva la palabra a los españoles si encadena dos prórrogas presupuestarias. Un gobierno que respeta la nacionalidad española y no la trate como una herramienta de ingeniería electoral. Que no la regale a quien no ha vivido ni sentido nunca en nuestro país. Que no pervierta las leyes con instrucciones políticas contra su espíritu, porque eso es un fraude. Que defienda que ser español es un orgullo y un compromiso. El dinero público sale del esfuerzo de cada español. Y cada español tiene derecho a saber en qué se gasta y exigir que se gestione bien. El Estado no ha dejado de engordar y no por eso ha funcionado mejor. Sobran ministerios, altos cargos y asesores. Sobran nombramientos indebidos y gastos superfluos. Y sobra corrupción. Sobra corrupción. Quien tenga responsabilidad política responderá por ella. Insisto, sea quien sea, a los españoles nadie tiene que explicarles la marcha de la economía. La sufren cada mes, en la compra, en la luz, en la hipoteca, en el alquiler y en las más de 100 subidas de impuestos de estos años. Los españoles pagan cada vez más y reciben cada vez menos. Y que les hablen de una economía que nadie tiene que ver con la realidad, les frustra, les duele y les enfada. Con razón, vivir al día es malvivir y España no está condenada a ello. Tenemos trabajadores preparados, tenemos talento, empresas competitivas, lo tenemos todo para ser un país líder. Solo necesitamos un gobierno que trabaje para lograrlo, que crea en quienes trabajan, emprenden, ahorran e invierten. Que quiera impulsar a quien sea capaz de crear riqueza en vez de asfixiarle y que apueste por la gran fuerza de la prosperidad de nuestro país, la clase media. La clase media tiene que volver a ser el motor de España. Insisto, la clase media tiene que volver a ser el motor de España. Y eso solo ocurre cuando los salarios suben, cuando la productividad crece y cuando trabajar compensa. Y quienes más han pagado este deterioro son los jóvenes. Una generación que estudia, trabaja, se esfuerza y descubre que no basta. Independizarse es una hazaña, comprar una casa es una quimera, formar una familia, algo que se aplaza. No es aceptable que el futuro de un joven dependa más de sus padres que de su esfuerzo. Ni lo es que los jóvenes se resignen a vivir peor que sus padres. Yo quiero una España en la que los jóvenes sepan que pueden luchar por su futuro y prosperar en su país. La vivienda es hoy el primer problema de España y para resolverlo hay que construir al menos un millón de viviendas nuevas, con más suelo y menos burocracia. Construiremos un millón de viviendas nuevas con más suelo y menos burocracia. Con todas las administraciones en la misma dirección, con los jóvenes como prioridad, con la mayor ayuda de la historia para que puedan emanciparse antes, con protección para los más vulnerables y con una certeza, todo el mundo tiene derecho a aspirar a ser propietario y la propiedad se respeta. Sabemos bien que el pacto del bienestar se sostiene sobre un acuerdo entre generaciones. Los mayores nos dejan un país mejor y las nuevas generaciones cuidan de quienes lo hicieron posible. Y las pensiones son una de las claves de este pacto. Las pensiones subirán cada año conforme al índice de precios al consumo. Y los jóvenes heredarán un sistema que garantice que también cobrarán la suya. La primera obligación de un Estado es proteger a su gente y a su territorio. La seguridad de los españoles está por encima de todo. Y si se pone a prueba, la respuesta tiene que ser firme. España, como cualquier nación, tiene derecho a decidir quién entra, cómo y para qué. Somos un país abierto y solidario. Es verdad que somos un país abierto y solidario, pero la solidaridad exige también responsabilidad y respeto. Quien venga conforme a la ley a trabajar y a contribuir será bienvenido. Quien venga a delinquir tendrá que marcharse. Quien venga tiene que respetar nuestras leyes, nuestras libertades y nuestros valores. El respeto a las mujeres, a los homosexuales y a la forma de vivir de nuestro país. Ser español no es un trámite administrativo, es un honor, es una responsabilidad, es ser depositario de una cultura, un legado y unos valores que todos debemos respetar. Millones de españoles ven como en sus barrios crece la inseguridad y la violencia contra las mujeres sigue alcanzando cifras alarmantes. Policías y Guardias Civiles necesitan más medios, económicos y materiales, más reconocimiento y más autoridad. Todo español tiene derecho a vivir y volver a casa tranquilo. Un Estado, por tanto, tiene que proteger a quien protege a sus ciudadanos. La reconstrucción nacional también pasa por restaurar la igualdad. Un español debe tener los mismos derechos y los mismos servicios viva donde viva. España ha sumado más de 4 millones de nuevos habitantes sin adaptar los servicios públicos a esta nueva realidad. Se nota en cada centro de salud y en las listas de espera. Faltan médicos y los que hay merecen mejores condiciones. Tenemos, lamentablemente, los peores resultados educativos de nuestra historia. Y eso no es una estadística, es una señal de alarma. La escuela tiene que volver a premiar el esfuerzo, con exigencia y con autoridad para el profesor, con contenidos académicos y no ideológicos, con el castellano garantizado en toda España y las lenguas cooficiales garantizadas en sus respectivos territorios. Queridos amigos, cuidar la educación es cuidar el futuro de España. Un país respetado empieza por respetarse a sí mismo. España tiene que comportarse como una nación seria y fiable. Tenemos que recuperar las alianzas rotas en Europa y con nuestros aliados históricos. Con una política exterior al servicio de España y con una defensa firme de la paz y la democracia que no admita excepciones. España debe proyectarse como el gran país occidental que es. Una nación segura de sí misma, orgullosa y consciente de su trascendencia en el mundo. Una potencia atlántica, puente entre Europa e Hispana América y frontera sur-europea, con la responsabilidad que todo ello implica. Señoras y señores, queridos compañeros, termino. Sé que muchos españoles están desanimados. A ellos les digo, vamos a recuperar el orgullo, un patriotismo sereno y exigente, el amor por lo que somos, porque sólo quien sabe lo que es puede decidir lo que quiere ser. No habrá reconstrucción sin confianza. Mi mayor ambición es lograr que la palabra de un presidente del gobierno vuelva a tener valor. ¡Valor! ¡Que la palabra de un presidente del gobierno vuelva a tener valor! Por eso, estos días, hoy mismo, esta semana, os aseguro que cada palabra, cada propuesta y cada compromiso que asuma es mi contrato con los españoles. El cambio también es eso. Demostrar que merezco la confianza que depositan en mí. Y que yo no les voy a fallar. Por aquí comienza la reconstrucción nacional. Y por eso, ante los españoles, me comprometo a defender la soberanía y la integridad territorial de España. Me comprometo a mejorar la calidad de nuestra democracia y reforzar la separación de poderes. Me comprometo a limpiar el Estado y hacerlo más eficaz y más fuerte. Me comprometo a que se construirán un millón de viviendas nuevas. Me comprometo a ordenar la inmigración. Me comprometo a garantizar la revalorización de las pensiones. Me comprometo a que nuestro tren vuelva a ser un orgullo nacional. Me comprometo a invertir en infraestructuras hídricas que nos preparen mejor para afrontar inundaciones y sequías. Me comprometo a que habrá más médicos y una mejor sanidad pública Me comprometo a una educación exigente y con mejores resultados Me comprometo a tener unas calles más seguras Me comprometo a bajar los impuestos Me comprometo a que subirá el salario medio de los españoles Me comprometo a que España recupere su credibilidad exterior y su orgullo Me comprometo a defender una nación de ciudadanos libres e iguales Me comprometo con el cambio que España necesita Me comprometo con la reconstrucción de nuestra nación. Me comprometo personalmente y, por supuesto, me comprometo a cumplir. Comprendo que llame la atención que un político se comprometa a cumplir. Pues sí, me comprometo a cumplir. A gobernar España desde la verdad, a rendir cuentas y a que se me juzgue por los hechos, no sólo por las palabras. España no está condenada a ser el país en el que la han convertido. Tiene talento, tiene fuerza, tiene pasión, tiene historia, tiene esfuerzo y, sobre todo, tiene futuro. Pido a los españoles su confianza. La devolveré con honradez, con trabajo, con respeto a los ciudadanos y respeto a la nación. En ello empeño mi firma y mi palabra porque yo sí la tengo. Muchas gracias. Muchas gracias.
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